La extracción de arena: Don Antonio y una explotación comercial con los recursos de todos E-mail

La familia Etchepare explota comercialmente la arena que extrae de nuestro río Uruguay. Con un Pelay que cada año debe ser acondicionado de forma externa, resulta paradójico que una empresa se enriquezca con un recurso de todos. Organismos oficiales investigan los contratos.

Arenera Don Antonio ya cuenta con más de medio siglo de existencia en la ciudad. A través de la conocida embarcación “El Jilguero”, la empresa draga el curso del río para apropiarse de la arena que más tarde comercializa en el área de la construcción, el mejoramiento de nuestros propios balnearios y algunos otros usos.

Convertida en una dinastía, la familia Etchepare explota comercialmente la arena que extrae de nuestro río Uruguay desde el año 1948. Una situación paradójica que muestra un negocio millonario para la familia que lo explota y playas desprovistas de la arena que generosamente brinda por toneladas el río Uruguay.

La arena vale oro

A diferencia de lo que muchos pueden pensar, la arena es considerada un recurso preciado por diversos países que carecen de este material. Recientemente, la BBC de Londres publicó un informe en el que alerta que “Pocos pensarían que la arena puede llegar a valer su precio en oro. Pero en México, la extracción de arena y piedras como material de construcción se ha transformado en un negocio millonario, especialmente desde que California, en Estados Unidos, prohibió la extracción” de este recurso. A partir de una medida que busca proteger el medio ambiente y la bio-diversidad, la prohibición de la extracción de arena en esos lares desató un negocio ilegal en el cual se extraen “Miles de toneladas de arena que son exportadas y vendidas a constructoras estadounidenses, provocando daño ambiental en algunas zonas”, denuncia el informe de la prestigiosa cadena británica BBC.

Escasos controles

En nuestra ciudad, rodeada de extensas playas, la arena no tiene la misma consideración y por eso los controles sobre su explotación son más bien escasos, por no decir inexistentes. La legislación vigente estipula que la arena constituye un recurso mineral y, por tanto, su explotación comercial depende del área de Minería y Recursos Naturales de la provincia de Entre Ríos. Si bien en el caso de la Arenera “Don Antonio” se extrae del río Uruguay (de jurisdicción nacional por tratarse de un río de frontera), son las provincias quienes ejecutan el poder de policía sobre este recurso y el que otorga las concesiones para su explotación.

Desde los organismos que tutelan los recursos y el río miran con lupa este negocio de la familia Etchepare. De un tiempo a esta parte avanzan algunos informes internos que pretenden revisar los contratos que detenta la Arenera Don Antonio para la extracción de la arena de nuestro río. Si bien existen permisos que habilitan la explotación, en 2011 se ha agudizado la mirada sobre el río Uruguay al punto de controlar celosamente que la arena no se extraiga del canal de navegación, como algunos baqueanos del río han constatado en diversas ocasiones en que los areneros realizan sus maniobras.

En la legislación que se prepara impondrán una cláusula que limite la zona de explotación de arena a una franja “que no exceda de 10 Km. medidos a lo largo del Canal Principal”, se lee en uno de los borradores a los que accedió El Día.

La normativa vigente estipula que haya un inspector arriba del barco en cada viaje que realiza la Arenera aguas adentro para hacerse de este recurso natural. Sin embargo, está demás decir que esto no se cumple y que la extensísima franja de extracción otorgada a la firma Don Antonio le permite a la empresa un amplio margen para alzarse con la arena de todos.

Negocio redondo

Los estrechos vínculos con el poder local y la escasa visibilidad del negocio de la arena han permitido al clan Etchepare explotar sin sobresaltos ni competencia alguna este recurso. El negocio es simple: sacan arena del fondo del río, realizan un proceso de limpieza y depuración, y la venden por toneladas en obras en construcción, corralones y hasta el propio Estado que –paradójicamente– paga para volcar en las playas la arena que le pertenece.

Si a eso agregamos la escasez de los controles y el exiguo canon que debe abonar la firma, no caben dudas que se trata de un negocio “redondo”.

Los pocos intentos que hubo en la ciudad para instalar otras areneras que pudieran competir con la firma fundada por Don Antonio Etchepare quedaron truncos a poco de andar, gracias a las influencias de la familia en el poder político local que se encargó de frustrar las aspiraciones de cualquier competidor.

De este modo, mientras las más diversas áreas de la economía nacional condena los monopolios, en este terreno las arenas movedizas se tragan cualquier intento de control.

La Arenera de Don Antonio y el negocio de la arena

La firma “Arenera Don Antonio S.A.” fue fundada por Antonio Etchepare y su esposa, Lidia Parodi, conocida por su apodo de “Chola”. El matrimonio uruguayense había iniciado su actividad comercial en el rubro de las panaderías ("Panadería Fénix") hasta que vieron la oportunidad de adquirir la arenera propiedad de la familia Celesia, que en aquellos años utilizaba métodos bastante rudimentarios para la extracción y la depuración de la arena. Fue justamente la inversión en tecnología la que llevó a los Etchepare a instalar el primer silo que, paradójicamente, fue el que le costó la vida a don Antonio a finales de la década del 60.

En aquellos días la “Arenera Concepción” tomó el nombre de su impulsor, "Don Antonio". Desde entonces, además de “Chola” (el nombre que lleva la Cantera que también explota la familia), se sumaron los dos hijos, José y Manuel. Uno de ellos falleció y toda la responsabilidad recayó en Manuel Etchepare, quien hoy comanda el accionar de la empresa.

La inyección de recursos en obra pública que evidencia nuestra ciudad ha incrementado de manera notoria la operatoria de la arenera “Don Antonio”, que reparte sus camiones entre el entubamiento del arroyo Las Ánimas, la reparación de la Avenida Paysandú, la base del puente a la Isla del Puerto y otras tantas obras privadas que florecen en la ciudad. Este movimiento consolida el crecimiento de la firma, que agregó camiones, más silos, nueva tecnología y una draga que garantiza la continuidad del negocio con la arena de todos.

El impacto sobre el río

Las restricciones internacionales que rigen en esta materia fijan límites a la extracción de arena para evitar el impacto sobre el medio ambiente que genera la explotación. La directora de Impacto Ambiental de Ensenada, Thelma Castañeda, reconoció que los permisos otorgados son sólo para extraer material pétreo hasta dos metros de profundidad, pero que sin embargo las extracciones se hacen hasta 5 ó 6 metros del cauce del río. Frente a la situación, en México por ejemplo ya han prohibido directamente la extracción de arena de uno de los ríos (río Quetzala), por tratarse de maniobras que provocan la desecación del cauce hidrológico y afectaciones al acuífero de la cuenca y a la fauna acuática.

Como se ve, la actividad y extracción de arena del cauce del río no es una actividad inocua ni mucho menos. Sus consecuencias ambientales pueden resultar graves.
Por eso las autorizaciones para las empresas estipulan limitaciones: “los permisos son no exclusivos, precarios, revocables y no pueden referir a zonas que disten menos de 300 m. del eje del canal principal de navegación ni menos de 50 m de islas o costas”, refiere un informe de CARU que también busca evitar la afectación a la preciada navegabilidad del río Uruguay.